Escribiendo en una servilleta mojada
Querida cita, hip, hip (disculpa, hay una luz de apagón en este bar de burundanga), íbamos a celebrar. ¿O me adelanté a la fecha? Bahh, a estas horas, las disquisiciones sobran. Una cita trasnochada entra en la cadena de extinciones sin reclamo. La servilleta está un poco mojada, espero que de todos modos alguna frase puedas leer. Si tienes ganas, digo. Si llegas, vamos. Hip, estoy fatal, puah... ¿Vamos, dije? No sé a dónde pudiéramos haber querido ir. Sos tan dificilito. Tal vez estás aquí disfrazado de fantasma y juegas con mi desorientación. Hip...
Sabes, ya que llegué hasta aquí, entré y me dije ¿y por qué no? Fue aquí. No tengo dudas. Aquí comenzó todo. Celebremos. Ay, esa manía de pluralizar la soledad.
Pero, cuando voy a celebrar, veo que el olvido se ha tomado todo el trago, y me saluda. Me guiña un ojo. Dice que me ama. El olvido. Un poco mareado. Pero es el mismo.
Te espero. Hip... Digo, eso creo. Bah, en fin ¿quién puede estar seguro de lo que más ama?
(c) Rosa Elvira Peláez
Buenos Aires, 2004.

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