Einstein enamorado
Un diario que abarca los 18 meses que precedieron a la muerte de Albert Einstein, en 1955, ofrecen un intimista retrato cotidiano. Sus páginas desmienten esa imagen que lo pintan como distraído y desprolijo, girando en su mundo propio. El diario lo llevó su compañera Johanna Fantova, ex curadora de mapas de la biblioteca Firestone de la Universidad de Princeton, 22 años más joven que él. Él, que murió en 1955, a los 76 años, le escribía poemas y cartas con bromas y besos, y Johanna (fallecida en 1981, a los 80) no dejaba de registrar lo que el genio decía y lo describe como muy interesado y hasta ocasionalmente entusiasta seguidor de la actualidad. El material está escrito a máquina y en alemán, y está disponible en la biblioteca Firestone. Lo hallaron entre los papeles de Johanna, estudiantes que buscaban información sobre los poemas que Einstein le había escrito. Según lo recogido por su compañera, Einstein se compara con un auto viejo que tiene cosas que funcionan mal por todos lados y se queja de su mala memoria y del constante desfile de visitantes, tantos, que a veces finge estar enfermo y en cama para no tener que posar para las fotografías. Fantova, cuyo nombre de soltera era Johanna Bobasch y había nacido en Checoslovaquia en 1901, conoció a Einstein en 1929 en Berlín, según el diario, cuando le dio la tarea de organizar su biblioteca personal. La relación entre ambos surgió a fines de los años 40, hasta su muerte. "A menos que un descubrimiento similar se realice en el futuro, este nuevo manuscrito de la biblioteca Firestone es el único diario que existe, guardado por alguien cercano a Einstein, al menos de la última etapa de su vida", destaca Alice Calaprice.

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